domingo, 18 de octubre de 2009

A la caza del 'leonardo' perdido


El ingeniero Maurizio Seracini asegura que 'La batalla de Anghiari', obra maestra del artista, está debajo de una obra de Vasari en el Palazzo Vecchio de Florencia



"He dormido muchas noches en ese salón", cuenta el ingeniero Maurizio Seracini, pelo blanco y ojos azules. Seracini (Florencia, 1946) ha pasado los últimos 30 años de su vida pensando en esa enorme habitación, persiguiendo a un fantasma de 500 años de edad: La batalla de Anghiari, una obra pintada (y nunca acabada) por Leonardo da Vinci durante el año de 1505. "Fueron muchas noches de invierno y de frío, porque para medir la temperatura de las paredes no puede haber luz ni fuentes de calor cercanas", recuerda Seracini. "Pero gracias a eso hoy conocemos cómo era la estructura antigua del salón. Y pensamos que la pintura está ahí detrás, escondida en el muro que está frente a la puerta de entrada. Porque nadie ha dado un indicio de que fuera destruida".
El experto quiere escanear el muro con una nueva técnica de neutrones
"Es impensable que Vasari destruyera la obra de Da Vinci", dice el ingeniero
El despacho de este ingeniero biomédico florentino que se hizo famoso porque su nombre real apareció en la novela de Dan Brown El código Da Vinci, es un caos de papeles, radiografías, libros y volúmenes de historia del arte. Seracini pasa la mitad del año aquí, en Florencia, y la otra mitad en San Diego, California, adonde llegó en 1968 huyendo de los disturbios estudiantiles italianos, ignorando que iba a acabar en el epicentro mundial de la protesta sesentayochista.
Pero fue para bien. En California conoció y frecuentó al padre del movimiento, el filósofo Herbert Marcuse. Aunque Seracini acabó tirando para otro lado. Su obsesión fue siempre encontrar las obras de arte escondidas por el paso del tiempo detrás de otras obras, y sacarlas luego a la luz aplicando la tecnología nuclear que perfeccionó en San Diego.
Con el tiempo, Seracini inventó una máquina de neutrones hace dos años capaz de ver detrás de las paredes colaborando con Enea, el organismo atómico italiano, los laboratorios de Los Álamos, la Universidad de Delf, en Holanda, e investigadores rusos de San Petersburgo. Tras probarla con éxito en el laboratorio, ahora su proyecto llega a la última fase. Se trata de construir un aparato portátil que le permitirá escanear la pared este del Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio, en la plaza de la Señoría de Florencia.
El ingeniero tiene un problema: a día de hoy no tiene financiación para proseguir la investigación. El Ayuntamiento decidirá en 2010 si continúa adelante con la búsqueda. El alcalde, Matteo Renzi, de 34 años, que fue el gran impulsor de la investigación de Seracini cuando era presidente de la provincia, explica a este diario que quiere al ingeniero "como a un hermano", y está dispuesto a financiarle y a apoyarle. Pero añade que antes debe garantizar la seguridad de todos, saber si la máquina de neutrones es inocua: "No sabemos si dejará restos radiactivos".
El alcalde habla con una franqueza nada habitual en la política italiana. Está sentado en su enorme despacho del Palazzo Vecchio, a sólo unos metros de distancia del lugar donde está, o debería estar, La batalla de Anghiari.
El capolavoro inacabado de Leonardo es una obra llena de misterios. Se la encargó el gonfaloniere de Florencia en abril de 1503 para conmemorar la histórica victoria bélica de los ciudadanos florentinos contra la odiada oligarquía milanesa, ocurrida 60 años antes. A Miguel Ángel Buonarotti, su adversario más temido, le pidieron que pintara La batalla de Càscina en la pared de enfrente.
Las pinturas de la Sala del Consejo republicana, que después sería Sala del Papa, debían tener cinco metros de alto por unos seis de ancho. Según Cellini, iban a constituir la Escuela del Mundo, la gran referencia del arte del Renacimiento para las nuevas generaciones de artistas. Eran, además, el símbolo político del poder republicano florentino, que luchaba sin cesar por y contra papas y nobles.
Eran tiempos convulsos, de guerras y contrarreforma. Miguel Ángel renunció al encargo, pero Leonardo trabajó en su obra durante un año junto a cinco o seis ayudantes. El día que puso el pincel por primera vez en la pared, un temporal se llevó por delante parte del cartón que había dibujado. No logró terminarla, pero completó un fragmento de cuatro por cinco metros, calcula Seracini.
Según contó su biógrafo Anonimo Gaddiano, Da Vinci sufrió como un perro ante aquel espacio inmenso, tres veces más grande que La última cena. Como no manejaba bien la técnica del fresco, decidió utilizar una nueva, al óleo, buscando colores más resistentes. El método requería una gran cantidad de calor para secar rápidamente el estuco. Y la operación fracasó parcialmente. La leyenda dice que la hoguera que hicieron sus colaboradores no alcanzó la parte superior de la obra, y que el color de esa zona se vino abajo.
Poco después, Leonardo se fue a Milán a trabajar para el enemigo. Su obra se expuso durante más de medio siglo, muchos artistas la vieron, otros la glosaron y la copiaron. Se conoció como una de las mejores pinturas de todos los tiempos. Rubens copió la violenta escena central, La lucha por el estandarte. Los Medici recuperaron el control de la ciudad en 1539 para reinar durante dos siglos; años después decidieron reformar el Palazzo Vecchio y convertir el salón en el símbolo de su poder militar.
"Cosimo de Medici le pidió a Vasari una nueva decoración en 1563. Es razonable pensar que le dijera que tapara el leonardo porque era un mensaje político contrario", cuenta Seracini. "Pero no hacía falta destruirlo, bastaba con taparlo. Vasari reprodujo la batalla central en la pared de enfrente, en la oeste, y es casi seguro que tuviera a la vista el fresco de Da Vinci. Y es impensable que lo destruyera, le admiraba demasiado".
Tras llevar a cabo una exhaustiva investigación histórica sobre los documentos de las obras de reforma del palacio, Seracini se encerró en el salón entre 2000 y 2003, gracias al patrocinio de Guiness, la cerveza de origen irlandés. "Realizamos numerosos exámenes para conocer la estructura interna del muro con termografías y radar. Para entender los cambios que hizo Vasari entre 1563 y 1572 y definir las áreas donde Leonardo podría haber pintado, era fundamental reconstruir el espacio antes de la reforma. Realizamos un modelo tridimensional del salón con un láser escáner, y añadimos los resultados de las pruebas térmicas", indica Seracini.
En ese proceso, el experto italiano utilizó también fotografía infrarroja y técnicas de ultrasonidos. Su conclusión fue que Vasari salvó La batalla como había hecho con La Trinidad de Masaccio en la iglesia de Santa Maria Novella, hallada a finales del XIX detrás de una tabla del artista.
Seracini confirmó que Vasari levantó una pared de ladrillo delante de la pintura de Leonardo formando un doble fondo para protegerla: "Además lo dejó dicho, de una forma críptica, al escribir cerca trova (busca encuentra) en una banderita verde del fresco que hay en ese lugar, La batalla de Scannagallo. Justo tras esa bandera hay una cavidad en la pared; ahí debe estar lo que quede de la obra".
El problema ahora consiste en saber en qué condiciones. Antes de que Vasari lo reformara, el salón fue utilizado por el Ejército español de Carlos V, que ayudó a los Medici a recuperar la Señoría de Florencia. "El que gana escribe la historia. Y en el viejo salón municipal dormían los soldados con sus caballos. Había barracones y establos. Pero sabemos también que los Medici compraron e instalaron unos grandes paneles de madera, quizá para proteger la pintura", dice Seracini.
Llegados a este punto, el ingeniero recuerda que no sólo los soldados, sino dos de los ayudantes de Leonardo, eran españoles. Se trata del manchego Fernando Yáñez de la Almedina (Almedina, 1475-Valencia, 1536), y de Fernando Spagnuolo, o Fernando Llanos, o Hernando de los Llanos, posiblemente nacido en Santa María de los Llanos de Cuenca. Ambos pintaron el retablo de San Cosme y San Damián para la catedral de Valencia en 1506.
Y apenas se conocen datos sobre ellos. "Quizá los historiadores españoles puedan aportar novedades. Necesariamente debe haber información en los archivos de Toledo, la capital de entonces. A Florencia vinieron embajadores, prelados y militares. Todos vieron la obra, alguien debió escribir algo. Los discípulos de Leonardo tal vez llevaron a España algún fragmento del cartón original".
Seracini está tratando de convencer a los políticos de que hace falta poner en marcha un nuevo modelo de restauración de obras de arte. Asegura que no vale con llamar al cirujano cuando algo se rompe, que hace falta crear la figura del médico, del científico del arte que utilicen los enormes adelantos tecnológicos para diagnosticar las obras y aconsejen sobre la mejor forma de intervenir.
Su nueva propuesta para el leonardo perdido consta de tres fases. Buscar la financiación, desarrollar la máquina portátil, montarla en una grúa (el fresco de Vasari está elevado siete u ocho metros sobre el suelo) y volver al salón.
En 10 ó 12 meses, calcula el ingeniero, estaría en disposición de ofrecer un mapa completo de los colores y las materias que se esconden tras el doble fondo. "Lanzando un haz de neutrones sobre la pared, podemos escanear y visualizar los elementos químicos que hay detrás. Sabemos que Leonardo usó aceite para ligar el color. Si los neutrones detectan hidrógeno, el haz se reflejará, volverá hacia atrás y sabremos que ahí hay materia orgánica. Así, haremos un mapa de elementos orgánicos".
Luego, en una segunda fase, intentará encontrar los pigmentos de color que utilizó el genio, bien conocidos por la lista de la compra que encargó a la República Florentina antes de pintar el óleo. "Lanzaremos otra vez el haz de neutrones para que detecte los minerales de los colores: mercurio en el rojo, plomo en el blanco, hierro en el azul. Al colisionar, los neutrones generan rayos gamma, unos sensores los captan, hacen un análisis espectrográfico de las energías y nos dicen dónde hay plomo, dónde mercurio, dónde hierro. Así se revelará el lugar preciso donde se pintó la obra".
Quinientos años después de que Leonardo diera el primer golpe de pincel a su obra, el ahora alcalde Matteo Renzi impulsó desde la provincia la exposición titulada Cerca-Trova, los misterios de La batalla de Anghiari. La obra maestra perdida de Leonardo da Vinci, que resumía los hallazgos del comité científico liderado por Maurizio Seracini.
Hoy, Renzi cree que la búsqueda del leonardo escondido será un gran negocio y una fuente inagotable de turistas para Florencia, ahora que la ciudad está a la espera, el próximo día 25, de peatonalizar la plaza del Duomo. "Dan Brown se hizo millonario con su novela. Las visitas a La última cena en Milán se han multiplicado por tres. Vamos a aclarar bien todos los aspectos técnicos y a buscar un patrocinador. Es un proyecto fascinante que dará mucha visibilidad a la ciudad y al Palazzo Vecchio. El año que viene decidiremos qué hacer".
Seracini explica que ha hecho todas las pruebas pertinentes y que la técnica es completamente segura: "Renzi todavía no ha hablado conmigo y entiendo que esté preocupado. Hemos probado la máquina en laboratorios de Holanda, Rusia, Estados Unidos y Roma, y no hay riesgo alguno. Los estudios se han publicado en dos revistas especializadas en física nuclear. La técnica es completamente limpia, genera radiaciones mínimas que desaparecen en dos horas. En cuando esté lista la máquina portátil, haremos una pared de muestra con una pintura como la de Leonardo para probarla, y desarrollaremos una grúa para mover el instrumento a lo largo de la pared. Y entonces tendremos la solución del enigma".
Miguel Mora

miércoles, 14 de octubre de 2009

Il tempo è una voragine e la fiction è «Flashforward»


Il tempo è una voragine, e la televisione è la sua profetessa.
Il futuro è presente, il passato è futuro: non ce lo insegna solo qualche filosofo greco, lo dicono le più avanzate serie americane, che nel giro diuna generazione si sono poste d’imperio all’avanguardia della narrativa per immagini. Se negli anni recenti è stato Lost, ideato dal quarantenne JJ Abrams, a modificare geneticamente la natura della fiction televisiva (come ha fatto, sia pur in modo meno clamoroso, Heroes, in cui futuro, passato, storia narrata e fumetto si avviluppavano l’uno dentro l’altro), ora i naufraghi del volo della Oceanic in viaggio alla scoperta dei recessi della propria identità non sono più orfani. Il nuovo fenomeno seriale mondiale si chiama Flashforward, in Italia va in onda dal 5 ottobre su Fox, e come il suo predecessore è un nuovo cortocircuito spazio-temporale che promette di segnare un nuovo giro di boa nella cosiddetta lunga serialità televisiva: con in più, va detto,un caterva di effetti speciali degni del cinema kolossal più avanzato. I capoccia dell’emittente americana Abc ne sono talmente convinti, che ieri l’altro hanno annunciato di aver ordinato una stagione completa, ossia un totale di ben 22 episodi. La prima puntata - che è andata in onda nel nostro paese a soli dieci giorni dal debutto americano, caso più unico che raro - è già da antologia: il 29 ottobre 2009 tutto il mondo si ferma per due lunghi minuti. Un blackout globale, una sorta di catastrofe irradiata ad ogni angolo del mondo: perché ovviamente le macchinevanno a schiantarsi, gli elicotteri si sfracellano contro i grattacieli, i nuotatori in mareaffogano...maquesto non è niente. IL FUTURO È UN BUCO NERO Il punto è che in quel buco temporale, la mente di ognuno è proiettata di sei mesi in avanti: 29 aprile 2010 (o 30 aprile, a seconda del fuso orario, ovviamente). Quel che si è visto è reale, è veramente un pezzo di futuro, oppure no?E chi non ha «visto» niente, vuol dire che tra sei mesi è morto? Da qui prendono il via le avventure dell’agente Fbi Mark Benford, interpretato dall’ex Shakespeare in love Joseph Fiennes, e di una selva di personaggi tutti alla ricerca dei recessi più riconditi del proprio io, tutti sinistramente illuminati dai quei due minuti e diciassette di blackout che li ha sbalzati nel futuro. I bookmaker di cose televisivi non hanno dubbi: con queste credenziali Flashforward promette di surclassare Lost... anche nelle menti degli studiosi di cultura popolare, per i quali la nuova serialità si sta imponendo pure sul cinema, potendo espandere al massimo proprio l’elemento del tempo: che non solo viene dilatato o spezzettato, ma diventa esso stesso motore dell’azione. Un esempio interessante è In Treatment, in onda da domenica su Cult (canale319 di Sky), con il grande Gabriel Byrne nei panni di uno psicanalista: ogni puntata è una diversa seduta psicanalitica (e già questo apre di per sé il vaso di pandora delle possibilità narrative),maper esempio la prima consiste in un unico, infinito, dialogo. Una roba apparentemente lontanissima dallo standard americano - tutto tensione, colpi di scena e fulmicotonici movimenti di macchina - epperò formidabile dal punto di vista della scrittura: laddove si dimostra, ancora una volta, che la storia (o le storie, per quanto intrecciate e futuribili) sono tutto. In ogni tempo. PS. L’anno prossimo In Treatment avrà una versione italiana prodotta da Wilder insieme alla Rai4 di Carlo Freccero. Chissà, forse una speranza (per l’Italia) c’è.

Roberto Brunelli

martes, 6 de octubre de 2009

Dal femminismo alle veline «Così abbiamo rivoltato il significato delle parole»

Dal femminismo alle veline «Così abbiamo rivoltato il significato delle parole»


Ragioni anagrafiche mi portano a guardare al fenomeno delle veline partendo da molto lontano, niente meno che dalla guerra e dalla Resistenza. D’altra parte quello è l’inizio, ed è da quell’inizio che occorre partire per misurare la portata di ciò che sta accadendo di questi tempi. In quegli anni infatti comincia – o meglio riprende, dopo il fascismo – la lunga marcia delle donne per ottenere la cittadinanza in questo Paese (a questo riguardo consiglierei la lettura del bel libro di Bianca Guidetti Serra «Bianca la rossa»). Sarebbero occorsi decenni. Avremmo ottenuto diritti ed eguaglianza, libertà e posto nel mondo. Non avremmo aspettato che le leggi cadessero dall’alto, avremmo costruito la cittadinanza conquistando postazioni in ogni piega della società, assumendoci responsabilità e diventando parte essenziale del tessuto che fa funzionare la cosa pubblica. Un Paese arcaico e un po’ bigotto sarebbe diventato, per nostro principale merito, aperto e civile. Per chi è nata politicamente in quei lontani anni ed è stata parte di questo faticoso ma felice cammino, l’oggi si presenta di una tristezza infinita. Grande anche la delusione per quello che già viene descritto come «il silenzio delle donne». Di questo vorrei parlare. Credo che tutte siamo rimaste attonite davanti all’operazione culturale che si è svolta sotto i nostri occhi: una operazione che, se non ha cancellato, ha sicuramente stravolto buona parte dell’impianto teorico che ha accompagnato il movimento politico delle donne. Le parole chiave sono state rivoltate. Scoperta del corpo, liberazione sessuale, affermazione di sé, autonomia, identità, desiderio, eguaglianza, differenza, eccetera, hanno preso significati opposti. L’affermazione orgogliosa «il corpo è mio e lo gestisco io» per esempio. Intendeva dire la vergogna e chiudere con l’antica figura della donna oggetto, riposo del guerriero, «regalo fatto da Dio agli uomini ». Era sembrata una svolta irreversibile, l’affermazione di un nuovo senso comune. Nonsipuòdire che le donne non si siano impossessate del proprio corpo. Per farne cosa? Donne immagine e prostitute di lusso hanno fatto di sé una nuova moderna (?) figura del mercato, che procede attraverso l’oculato bilanciamento dei costi e dei profitti, il dosaggio fra servilismo e pretesa di compensi dissociati da ogni personale competenza. Il corpo è diventato impresa da mettere a frutto. Direi che il ritorno indietro è ancora più mortificante del già vissuto. Perché in questa contrattazione uno dei due contraenti ha il potere (anche quando è piccolo potere), l’altra mette sulla bilancia una proprietà massimamente effimera. È questo che volevamo? Com’è potuto accadere? La tendenza non sarebbe inquietante se l’ambizione di avere visibilità e successo attraversoun perverso mercanteggiamento, non fosse diventata l’orizzonte di buona parte di una generazione, il senso stesso della vita, dell’essere donna («mi sento velina dentro» risponde una ragazza all’intervistatrice). E se le ragazze in corsa non fossero spesso accompagnate dalle madri: madri giovani, che hanno visto passare sotto i loro occhi, forse addirittura attraversato, il femminismo. Da una signora che probabilmente non ha attraversato il femminismo, è venuta una parola che aveva contato molto per le donne di un’epoca segnata dalla soggezione e dall’esclusione: dignità. Avendo nella mente e nel cuore quella parola, una generazione è arrivata a raddrizzare la schiena ed hacominciato a risalire verso la libertà. Ciò che oggi comunica smarrimento e sensazione di impotenza è la perdita di questo sentimento. Perché l’uso programmato del corpo implica una tensione di tutto l’essere, cervello compreso; occupa l’anima. Si realizza così un paradosso: l’autonomia, la capacità di decidere del proprio destino, viene cercata attraverso l’asservimento volontario e la perdita della dignità. Molte di noi, credo, in questi mesi si sono fatte domande e hanno provato vergogna. Sono convinta che quel che manca è la presa di parola collettiva, se non altro per non far mancare una rappresentazione diversa di ciò che una donna vuole e può fare.

Marisa Ombra

martes, 8 de septiembre de 2009

Gb: l'auto ecologica che «va a cioccolato»

Una Formula 3 con il motore alimentato da estratti di cacao e la carrozzeria composta di patate
La Formula 3 ecologicaLONDRA - Carote, patate e cioccolato: non sono gli ingredienti di una nuova ricetta ma i materiali utilizzati per assemblare una macchina da corsa di Formula 3 ecologica.
Il bolide, messo a punto dai ricercatori dell'Università di Warwick, a Coventry, dispone di un motore alimentato da estratti di cioccolato, di una carrozzeria composta di patate e fibre vegetali, e di un volante costruito tramite una speciale resina ricavata dalle carote. Il sedile è invece interamente composto di soia. Si tratta della prima macchina da corsa costruita tramite materiali eco-compatibili.
FORMULA 3- L'automobile è in grado di raggiungere la velocità di 217,6 chilometri orari e di accelerare fino ai 96,56 chilometri orari in meno di 2,5 secondi. Per il momento ha un solo difetto: l'inusuale motore non rispetta le regole della Formula 3 che non consentono di utilizzare motori biodiesel. «È stato molto emozionante lavorare sul progetto e costruire un prototipo di macchina ecologica. In questo modo speriamo di dimostrare che è possibile ottenere una buona prestazione anche tramite un motore ecologico», ha commentato il progettista dell'auto James Meredith.

Gb: l'auto ecologica che «va a cioccolato»


Una Formula 3 con il motore alimentato da estratti di cacao e la carrozzeria composta di patate


La Formula 3 ecologicaLONDRA - Carote, patate e cioccolato: non sono gli ingredienti di una nuova ricetta ma i materiali utilizzati per assemblare una macchina da corsa di Formula 3 ecologica.


Il bolide, messo a punto dai ricercatori dell'Università di Warwick, a Coventry, dispone di un motore alimentato da estratti di cioccolato, di una carrozzeria composta di patate e fibre vegetali, e di un volante costruito tramite una speciale resina ricavata dalle carote. Il sedile è invece interamente composto di soia. Si tratta della prima macchina da corsa costruita tramite materiali eco-compatibili.
FORMULA 3- L'automobile è in grado di raggiungere la velocità di 217,6 chilometri orari e di accelerare fino ai 96,56 chilometri orari in meno di 2,5 secondi. Per il momento ha un solo difetto: l'inusuale motore non rispetta le regole della Formula 3 che non consentono di utilizzare motori biodiesel. «È stato molto emozionante lavorare sul progetto e costruire un prototipo di macchina ecologica. In questo modo speriamo di dimostrare che è possibile ottenere una buona prestazione anche tramite un motore ecologico», ha commentato il progettista dell'auto James Meredith.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Cinquant'anni dopo Parigi ha nostalgia di Nouvelle Vague

Truffaut, Godard e gli altri cambiarono per sempre il modo di raccontare storie

Si celebrano il “nuovo cinema” e il mito della Bardot per dimenticare la crisieconomica del presente

Potete scegliere. Una fotografia del generale de Gaulle, nello sguardo come un temporale, di chi deve salvare la Francia insabbiata questa volta in Algeria e ricordarle la rattrappita Grandezza. Oppure il fotogramma di una bionda arcanamente bella, Jean Seberg, che scende gli Champs-Elysées vendendo l’«Herald Tribune». Se volete potete aggiungere anche la maschera birbona di Jean-Paul Belmondo, la sigaretta guasconamente in punta di bocca, che legge, lui, «France Soir». Ecco: l’immagine simbolo, la nascita della quinta Repubblica e l’avvento della Nouvelle Vague. Germogliarono giustamente fianco a fianco. Le svolte gli avvii i gomiti nella storia, nella cultura, nel costume, hanno sempre date incerte, si diluiscono in realtà nel tempo e sfuggono ai contemporanei. Siamo noi, con la fretta dei posteri classificatori che abbiamo bisogno di anni, mesi, giorni, ore. La Nouvelle Vague ha avuto una lunga preistoria, un silenziosissimo avvento. Ma se proprio bisogna scegliere una data è giusto partire da lì: l’anno di «A bout de souffle» di Jean-Luc Godard. Di pochi mesi l’aveva preceduto «I quattrocento colpi» di François Truffaut con il suo sordido appartamento di rue de Clichy, la lavagna dietro cui puniscono un giovanissimo Jean-Pierre Léaud prima del riformatorio e della fuga verso il mare di questo Pel di carota. Film dell’infanzia rifiutata, premio della regia al festival di Cannes del 1959. La cinematografia che raccontava i nuovi costumi della gioventù nascevano, come si vede, senza scandalo, con la fruttifera benedizione delle Istituzioni. Mancava soltanto il nome, la sigla, lo slogan: la trovò genialmente Françoise Giroud, una delle menti del settimanale «l’Express» con un titolo di copertina: la Nouvelle Vague. Suonava bene, restò. Era la prima costruzione mediatica moderna. Anche questo avrebbe fatto scuola. Siamo dunque arrivati al mezzo secolo da allora. Fu certamente un modo nuovo di fare cinema: tecnicamente, usando le camere più leggere e pellicole di nuovo tipo che consentivano di uscire dal «gulag» soffocante degli studi di posa e andare per le strade di Parigi. E questo avrebbe fruttato alla capitale la sua ennesima straordinaria consacrazione, facendo sbiadire le atmosfere dei caffè e delle cantine cogitanti e appassionate dell’Esistenzialismo. Fu, ancora, l’avventura di un gruppo di giovanissimi talenti: Godard Chabrol Truffaut che sognavano una rivoluzione estetica contro il cinema «borghese», che volevano produrre pellicole che costavano poco in cui sfogare la loro voglia creativa. Ma fu soprattutto l’avvento, ancora tenero e incerto, della contestazione che avrebbe fatto un lungo cammino negli anni Sessanta; e l’irrompere di una gioventù percorsa da una corrente ad alta tensione, che voleva lasciarsi alle spalle la guerra, e cambiare il mondo. C’era allora un ministro della cultura che si chiamava André Malraux: quelle facce di giovani sugli schermi gli andavano a genio, servivano a far dimenticare altri giovani francesi con la mimetica e il berretto da parà che nel bled e nella casbah di Algeri scambiavano fucilate, invece, con l’inesorabile irrompere dei tempi nuovi. Si guadagnava tempo, in attesa che il Generale dissolvesse definitivamente quella nube malefica con un geniale inganno. La Nouvelle Vague divise il cinema in due categorie: quello d’autore e quello popolare, una distinzione o una frattura che ne ha assicurato una pericolosa perennità. E anche questo piacque molto a un Paese che cercava nuovi motivi per riaffermare una supremazia culturale rosicchiata dalla Storia. Come per tutte le cose è quello che resta dopo essere passato nel setaccio di mezzo secolo che fa capire quello che vi era di duraturo ed essenziale ciò che invece pende floscio come fili danneggiati dal temporale. C’è una grande foga di anni sessanta in questo 2009: in una Francia angosciata dalla «grippe» e resa fragile dalla crisi aiuta essere nostalgici di una epoca che appare gonfia di tutte le godurie, libera gioiosa e spensierata. I «Sixties» alla francese fanno un figurone come antidepressivo. Compito che svolgerà alla perfezione la grande rassegna dedicata a Brigitte Bardot a Boulogne Billancourt: l’icona indiscussa e indimenticabile degli anni Cinquanta e Sessanta, novecento metri quadri da ammirare percorrere e sognare a partire dal 29 settembre. Ecco: un’altra immagine da mettere in bacheca, l’incedere della biondissima in tailleur blu sotto gli occhi immedusizzati di Jack Palance e Michel Piccoli. Sì: «Le mépris» di Godard, ed era ancora Nouvelle Vague. Ma è sempre e soltanto cinema, in fondo. Eppure fu, a suo modo, un Sessantotto, in anticipo, uno sguardo fresco sulle cose della vita, un sogno di libertà che fece fremere la gioventù di allora. Ma poi venne il Sessantotto, quello vero, che di quelle pulsazioni ormai languidamente al tramonto robustamente si nutrì per spingerle poi a lato e prendere la scena. Il Sessantotto uscì dagli studi di posa, dilagò per le strade, scagliò pietre, fece politica. La Nouvelle Vague invece fece da sfondo a De Gaulle.

Domenico Quirico

domingo, 30 de agosto de 2009

La ciencia del rock
Seis explicaciones matemáticas a los misterios del pop a partir de las últimas revelaciones musicológicas

Ésta es la primera entradilla de la historia que no responde las cinco preguntas clásicas del periodismo, sino que plantea seis: ¿Están las melodías cerca de acabarse? ¿Por qué el iPod parece el mejor de los djs? ¿Hay música para chicas y para machotes? ¿Por qué tengo muchos más discos en las letras M y S que en el resto? ¿Cuántos años faltan para que toda la música acabe en Internet? ¿Por qué la segunda canción del disco parece siempre la mejor? Las preguntas son del jefe, así que hay que responderlas. Por fortuna no falta material en las librerías, con las recientes obras del neurólogo Oliver Sacks (Musicofilia, en Anagrama) o del músico y científico cognitivo Daniel Levitin (El cerebro y la música, en RBA), ambas originales y de un gran interés, y de algún otro libro. Además uno tiene sus contactos, así que vamos a ello.
La innovación no es una cuestión de combinatoria, sino de profundidad
Quizá ya esté en la Red toda la música, pero sólo en un sentido estrecho
- ¿Están las melodías cerca de acabarse o las canciones (no atonales, claro) son infinitas? El número de melodías dodecafónicas es fácil de calcular -son unos 500 millones-, pero difícil de interpretar. Casi toda la música es tonal, es decir, que se basa en generar y resolver tensiones sobre un punto de anclaje o reposo armónico (la tonalidad, como do mayor o la menor). Cualquier sistema tonal implica que unas notas (la tónica o ancla y sus socios naturales) se utilizan mucho más que otras en una melodía.
Lo que hizo Schönberg fue prohibir por estatuto usar una nota más que otra: la melodía dodecafónica debe llevar las 12 notas que hay en la escala, y ni una más. Schönberg no fue el primer músico atonal, pero sí el primero en proponer esa fórmula matemática simple para garantizar al compositor una atonalidad cristalina.Las posibles melodías dodecafónicas, por tanto, son las permutaciones de 12 notas tomadas de 12 en 12, que son 12! (12 factorial, o 12 x 11 x 10 x 9...), o cerca de 500 millones. La biblioteca de iTunes tiene seis millones de canciones, así que ahí parece haber margen para 80 bibliotecas iTunes más. Lo que ocurre es que poca gente llamaría melodías a la mayor parte de esos productos matemáticos.
Responde mi crítico musical favorito, Diego A. Manrique: "Uno de los primeros números de Rolling Stone se planteó la cuestión a principios de los setenta. ¿Se están acabando las melodías? No supieron responderla".
¿Cuántas melodías tonales hay? Una forma de estimarlo puede ser no partir de 12 notas, sino de 7: la escala diatónica descubierta por Pitágoras (do re mi fa sol la si), casi un producto de la física del sonido. Son las teclas blancas del piano, y casi cualquier forma en que uno toque esas teclas produce una melodía tonal.
Pero las permutaciones de siete notas tomadas de siete en siete apenas pasan de 5.000. Cada una debería estar repetida 1.200 veces en iTunes. Y aún puede que siete notas sean demasiadas. El mayor éxito de Weather Report, Birdland, se basa en una melodía de una simpleza insultante: sus cinco notas sólo dan 120 permutaciones. ¿Entonces qué pasa?
Que el diablo mora en los detalles. Cuando las primeras bossa nova fueron acusadas de monótonas, Antonio Carlos Jobim respondió con la Samba de uma nota so, donde la única nota de la melodía adquiere cinco significados radicalmente distintos según a qué acorde pertenezca. La innovación en música, como en todo lo demás, no es una cuestión de combinatoria, sino de profundidad, durará cuanto dure el talento.
- ¿Cómo funciona el shuffle del iPod, que a veces parece el mejor de los djs? "La reproducción de canciones obedece estrictamente a una selección aleatoria entre las que tiene almacenadas", dice el portavoz de Apple, Paco Lara. ¿Será entonces el azar el mejor de los djs? No. La clave está en el almacén, o en su guardián: un autómata llamado Genius. Es parte de la última versión de iTunes, el programa de Apple para reproducir, organizar, sincronizar y comprar música.
"iTunes 8 incluye la revolucionaria característica Genius", explica Lara, "que con un solo click en una canción crea una lista de reproducción con otras canciones de tu biblioteca que van bien juntas con ella". Pero entonces, ¿está programado en iTunes el concepto ir bien juntas? Aquí pinchamos: "Me temo que los algoritmos que están detrás de la tecnología Genius no están descritos públicamente".
Según Apple, Genius ayuda al usuario a "redescubrir las canciones favoritas que ya tiene", y le sugiere canciones afines "que todavía no tiene", por si quieren añadirlas a su colección. Genius combina tu información con los datos anónimos de millones de usuarios de iTunes y la procesa con esos misteriosos "algoritmos desarrollados por Apple". ¿De qué van?
Genius es un filtro colaborativo, un tipo de programa que recoge información sobre los gustos de todos y la usa para predecir el gusto de cada uno. Estos sistemas no funcionan sacando promedios, sino deduciendo pautas. Buscan a otros usuarios con tu mismo patrón de preferencias, y luego aplican un principio simple y eficaz: quienes han coincidido antes tienden a coincidir después. Los humanos somos así, y Genius lo sabe.
"Pruébalo", me dijo Lara, y así lo he hecho estos días. Es verdaderamente espectacular. Con muy poca información de partida -como una versión concreta de Summertime por el guitarrista de jazz Barney Kessel-, Genius ha clavado mi perfil de oyente, hasta el extremo de que ya me ha descubierto otros cuatro guitarristas a los que ignoraba por entero, y que me gustan mucho más que Barney Kessel, les confieso espontáneamente. ¿Cómo lo hizo?
Manrique explica: "Hay una empresa que se dedica a clasificar las canciones según características como el tiempo que tarda en entrar la melodía, el número de veces que se repite el estribillo o el tipo de armonías. Presumían de predecir los éxitos". Así funciona Genius -con criterios musicológicos- y por eso funciona tan bien.
Pero Genius también usa cualquier otro truco que le venga bien. Por ejemplo, le metí las gymnopédies de Erik Satie y me devolvió el tema de La lista de Schindler, de John Williams, que no se parece en nada. Genius lo había encontrado en Google. Y no reparó en que ése era otro John Williams: un guitarrista clásico conocido por sus transcripciones de Satie.
- ¿Hay una música para chicas y otra para machotes? "Sí, pero sólo en España", responde con humor (alemán) mi musicólogo y neurocientífico favorito, Stefan Koelsch, del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas en Leipzig. "No, pero ya en serio, yo creo que las nanas las suelen cantar las madres más a menudo que los padres, pero puede ser una cosa cultural". En la que Koelsch, por cierto, no ve ninguna ventaja: "Yo personalmente creo que las nanas y otras canciones cantadas por los padres -y no sólo por las madres- tienen unos efectos muy beneficiosos para el niño".
El científico prosigue: "De modo similar, no pienso que haya una base biológica para las diferencias musicales entre sexos. Las distintas preferencias musicales de hombres y mujeres vienen determinadas sobre todo por la cultura, probablemente. Pero es cierto, por ejemplo, que la música de algunas cantantes es considerada 'para chicas' por los adolescentes, y despreciada por los chicos. Y también es verdad que se manejan perfiles sobre la distribución de género de los oyentes para una canción, una banda, una emisora de radio o lo que sea. Steven Brown recoge algo de esto en Music and manipulation". Ahí tenemos otro libro.
Manrique, creador del espacio Sólo para ellas en Radio 3, añade otro ángulo: "Los hombres tendemos a organizar nuestras preferencias con unos criterios más rígidos que las mujeres, como para convencernos de que controlamos la realidad; marcamos así nuestro territorio, y todo lo que queda fuera de la frontera tiene que ser necesariamente terrible". "Las mujeres están mucho más desprejuiciadas", prosigue el crítico, "y cuando escuchan música no tienen necesariamente que estar reforzando sus esquemas y estereotipos; tampoco necesitan comprarse todos los discos de B. B. King, por ejemplo".
- ¿Por qué en mi discoteca tengo muchos más discos en las letras M y S que en el resto? Ésta no es de música. También mi agenda del móvil está llena de emes -manolos, marías, manriques-, y algo similar pasa en los diccionarios. La preponderancia de la M se debe seguramente a que no hay mejor forma concebible de empezar una palabra: cerrando la boca.
- Al ritmo sostenido que llevamos de sumar canciones a la Red... ¿Cuántos años faltan para que toda la música acabe en Internet, si tal quimera es posible? Es posible que ya esté en la Red toda la música, aunque sólo en un sentido estrecho de la palabra "toda". También es verdad que, por ahora, muchas grabaciones descatalogadas sólo están disponibles en servidores de difusa legalidad. "Si encuentras algo que te interesa en una de esas páginas de descargas gratis", aconseja Manrique con ironía, "más vale que te lo bajes de inmediato, porque al día siguiente pueden haber cerrado 'por aviso legal'".
De todos modos, "hay miles de canciones que no han llegado a Internet, y que quizá nunca lleguen", dice Manrique. Las emisoras de radio, por ejemplo, tienen registradas innumerables interpretaciones en directo que emitieron desde sus estudios, y que rara vez se han editado en disco, y casi nunca han llegado a la Red. "¿O qué sabemos de la música de Indonesia, o de Manchuria en los años treinta?", se pregunta Manrique ahora que no le oye el jefe.
- Y acabamos con la sexta pregunta ¿Por qué el segundo corte del disco parece siempre la mejor? Responde mi periodista favorito, Walter Matthau: "Oh vamos Hildy, ¿quién llega al segundo corte?".


Javier Sampedro